Le pido a Mateo, de cuatro años, que diga quién es Dios. Él responde: "un amigo mío".
Cuando Bernardita, de nueve años, tiene que definir la palabra tranquilidad, dice: "es quedarse callada y no hacer nada".
Le pregunto a Nicolás qué es un amigo. Esta es su respuesta: "es portarse bien. Es reír. A mí no me gusta ir de penitencia, porque tengo que quedarme todo el día en la casa. Los grandes no van de penitencia porque se portan bien".
A Milagros, de nueve años, le parece que la tristeza es "estar peleado con alguien".
Luego Elisita, de cinco años, dice que una enfermedad "es sentirse feo".
A Ignacio, de cuatro años, le toca la felicidad. Y vean lo que explica: "soy feliz porque me gustan el ipad, mi mamá y mi papá. Porque tengo un montón de autitos. Porque me gusta la pista que me regaló la abuela y porque me gusta tener un hermano. Y también me gusta tener muchas pistas. Y tener abuelas. Me gusta todo. Todo lo que hay en esta casa, me gusta".
Paul, de seis años, define así la palabra lindo: "un día de sol". Inti, de nueve años, piensa que la alegría es "hacer algo divertido". Delfina, de la misma edad, determina que una madre es "una persona que te alimenta, que te cuida y que te da amor". Sofía, de cinco años, define el vocablo niño como "un ser pequeño que juega".
Guadalupe, de siete años, contesta que "el amor es amar. Y amar es amar a un chico". Después le toca definir a un padre, y dice que es "un señor que trabaja". Al final, resuelve que un hermano es Nicolás. Y que no le gusta tenerlo.